Quiero
hacer una mención especial a esta saga de Jean Marie Auel. Ocupan los primeros
puestos de mi lista de favoritos, aunque todo hay que decirlo, unos me
han gustado más que otros. Empezamos por el primero:
Jean Marie Auel nos presenta a la pequeña Neanderthal: Ayla, separada de su madre cuando
recolectaba, al producirse un gran terremoto y tragarse a todos los de su
tribu.
Con apenas cinco años, vaga sola y desamparada sin saber a dónde ir enfrentándose a muchos peligros. La herida que le produce un león dejándole su zarpa marcada en la pierna cuando intentaba atraparla, la hará estar cada vez más débil hasta que su cuerpo desfallece; y es cuando la encuentra Iza, perteneciente a un grupo de neandertales que buscaban una nueva caverna al haber sufrido también los desastres del terremoto.
Ayla es rechazada por todos al pertenecer al grupo de “los otros”. Únicamente Iza y Creb (Mo-gur o chamán de la tribu) la aceptan plenamente. Aún así intenta adaptarse a ellos en sus costumbres y vivencias. Ayla pone todo de su parte y realmente llega a ser feliz al lado de Iza. Ésta le enseña a cocinar, a conocer el uso de las hierbas y distinguir su posible uso, tanto comestibles como medicinales. Por otro lado Creb se da cuenta de la habilidad que tiene para el aprendizaje como las matemáticas. Además de ver que ella está protegida por el tótem del león cavernario al haber sido marcada por él y haber sobrevivido.
Pero a pesar de ello, no consigue someterse del todo a la forma de vida del clan. Ellos no hablan, se comunican por gestos, Ayla si sabía hablar; los cromañones no expresan los sentimientos, Ayla podía llorar, reír, cantar. Es mucho más ágil que cualquiera de ellos y aprende a manejar armas y a cazar a pesar de no ser tareas que pudieran hacer las mujeres ya que estas tenían un papel casi nulo en la tribu.
Estas
diferencias harán que a Ayla cada vez le cueste más cumplir con las leyes
estrictas del clan, creándole muchos problemas, sobre todo con el hijo del jefe
del clan, Broud. Éste le hace la vida imposible y llega a violarla. Ayla queda
embarazada y tendrá a su hijo Durc, pero Broud aprovechará cualquier error para
hacérselo pagar muy caro, no parará hasta conseguir que todo el clan la ignore
y tenga que marcharse de allí dejando a su hijo con ellos.
La recreación que Jean Marie Auel nos hace de la prehistoria a través de la encantadora Ayla me parece increíble. Una preciosa historia que nos enseña la forma de vida, la apariencia física o las relaciones sociales entre los neandertales y cromañones, estando éstos más evolucionados que los primeros, al final de la última glaciación.
Continuamos nuestra historia con el segundo libro de la saga:
Repudiada
y expulsada del clan por Broud,
deshecha por el dolor de tener que dejar a su hijo allí, Ayla tiene que procurarse
comida y un sitio para vivir. De nuevo se encuentra sola y hecha mucho de menos
a Iza, a Creb, y por supuesto a su hijo Durc.
Sabía que no se podía llevar a Durc,
él pertenecía al clan, sus rasgos
nunca serían aceptados por los “otros” los cuales creían que los neandertales
eran “animales” y Ayla iba en busca de ellos, al fin y al
cabo eran su pueblo. Sabía que nunca volvería.
Pero
Ayla ya no es la niña de entonces,
ahora es más fuerte y gracias a su empeño en aprender a cazar, cuando estaba
con el clan, sabrá conseguir alimento. No le será difícil encontrar una cueva
donde vivir y considerarlo como su pequeño hogar. Allí vivirá sola junto con Whinnie, la cría de caballo a la que
cuidará tras haber matado a su madre cuando cazaba. Ayla se apiada de la cría y se la lleva a la cueva. Establecen
entre ellas una relación muy especial y llegará a aprender a cabalgar sobre la
yegua. Vivirá allí, cerca de dos años hasta que un día se encuentra con Jondalar, un cromañón como ella, que
estaba herido, a punto de morir. Con la ayuda de Whinnie le traslada a su cueva para intentar curarle gracias a los
conocimientos que Iza le enseñó.
Jondalar y su hermano Thonolan pertenecientes a la tribu de los Zelandonii, iniciaron un viaje hacia el Río de la Gran Madre (Danubio) para conocer e intercambiar
conocimientos con otras tribus. Pero un día un león cavernario se cruzará con
ellos y matará a Thonolan dejando a Jondalar muy herido. Es cuando lo
encuentra Ayla.
Al
principio la relación entre ambos es difícil; aunque Ayla por su naturaleza
sabía hablar, tantos años viviendo con el clan la habían hecho olvidar esa habilidad
ya que éstos no lo hacían. Jondalar poco a poco la enseña a hablar de nuevo y
se empiezan a entender. Pero aún así los prejuicios de éste al saber que ha
vivido con el clan y haber tenido un hijo con uno de ellos forma una barrera
difícil de traspasar. Aún así surge el amor salvando no pocos obstáculos.
Conviven juntos compartiendo enseñanzas e intentando entender todas las diferencias que les rodean a pesar de que fueran de la misma raza. Cuando Jondalar decide volver junto a su pueblo Ayla le acompaña junto con Whinnie y Corredor, un potrillo al que igualmente criaron para Jondalar. En el camino se encuentran con un pueblo llamado Mamutoi (cazadores de mamuts) pero eso se contará en otro libro.
El
pueblo con el que se encuentran Jondalar y
Ayla, los Mamutoi, estaba formado por cromañones mucho
más evolucionados. Jondalar desde el
principio se siente interesado por su forma de vida y las utilidades que le
daban a todo lo que la naturaleza les daba, sobre todo con la caza de mamuts.
De ellos además de la carne para comer, usaban las pieles para vestirse; los huesos
y el marfil para construir casas y herramientas. El Mamut era su animal
totémico con lo que le honraban por ofrecerles tantas posibilidades.
Siendo
recibidos con un cariño muy especial a pesar de no conocerles de nada, Jondalar y Ayla se quedan a vivir varias estaciones con ellos. El chamán de los Mamutoi reconoce en Ayla a
alguien muy especial y se da cuenta de la afinidad que tiene con los caballos.
Durante su estancia con ellos Ayla
encontrará una cría de lobo a la cual cuidará y se convertirá al igual que Whinnie en un compañero inseparable.
En
el tiempo que conviven en el poblado aprenden infinidad de habilidades y Ayla se gana el cariño de todos ellos,
siendo finalmente adoptada por los Mamutoi
concretamente por Mamut, el chamán,
el cual le instruye también en el arte del esoterismo.
Pero
los problemas surgen entre Jondalar y
Ayla por la proximidad que tiene ésta
con Ranec. Para Ayla no era más que admiración y amistad pero Jondalar, siempre tan pasional y enormemente celoso piensa que ella
ya no le quiere y lo único que consigue es separarse cada vez más de ella. Ranec, enamorado de Ayla, aprovecha la ocasión para conquistarla y ésta al sentirse
rechazada por Jondalar y sentir
cierta atracción por Ranec cede a sus
pretensiones y deciden unirse para siempre.
Jondalar cree volverse loco y decide
marcharse de allí. No soporta ver a Ayla
con otro hombre y sabe que la ha perdido. Pero Ayla viendo la marcha de Jondalar
y casi a punto de celebrar la boda se da cuenta del amor que siente por éste y
aunque quería a Ranec y le admiraba
muchísimo de quien estaba enamorada era de Jondalar.
Ambos
emprenden de nuevo el viaje de regreso al poblado de Jondalar donde su familia le espera después de varios años de
ausencia. Junto con Whinnie, Corredor y Lobo forman un grupo curioso de los que los mamutoi se despiden deseándoles
buena suerte, dejando atrás a los que para Ayla
serán su familia.
"Las llanuras del tránsito"
Jondalar y Ayla junto con sus inseparables compañeros; Whinnie, Corredor y Lobo se pondrán en viaje hacia el hogar
de los Zelandonii, tribu de Jondalar. Un viaje que durará más de un
año, tendrán que remontar el río de la Gran
Madre hasta llegar a la zona sur de lo que hoy es Francia. Sortean continuos
peligros y se van encontrando con distintas tribus durante el trayecto.
La
preocupación de Jondalar era llegar a
tiempo a cruzar el gran río antes del deshielo ya que se habían puesto en
marcha con la estación un tanto avanzada. Tenían que imprimir un buen paso al
viaje. Aún así disfrutaban de nuevo de la mutua compañía y su amor se hacía
cada día más fuerte.
El
viaje les sirve a ambos para conocerse mejor. Durante los encuentros
apasionales que tienen durante el viaje, amándose plenamente, el deseo de Ayla es ser bendecida por la naturaleza
y tener un bebé del espíritu de Jondalar.
Ésta empieza a sospechar que de alguna manera el espíritu de él entra en ella
cada vez que hacían el amor. Ni el clan ni ninguna tribu pensarían eso nunca. Sus
deseos se hacen realidad y queda embarazada.
Durante
el trayecto se cruzan con tribus como los Sharamudoi
con los que entablan muy buena relación y otras como la del campamento de las
mujeres S’armunai; donde Ayla está a punto de perder la vida,
siendo Lobo el que la salve matando a
Attaroa, su jefa.
"Los Refugios de Piedra"
La
madre de Jondalar y su compañero al
igual que el resto de su familia la aceptan enseguida, aunque la idea de
tener a Lobo siempre rondando por allí no era muy apetecible. Ayla consiguió que Lobo los considerara como a su camada y nunca les hizo daño, sino todo lo contrario.
"La tierra de las cuevas pintadas"
La
preparación será larga y dura y podrá dedicar menos tiempo a Jondalar y a su hija. Tendrá que estar
durante una temporada larga aislada en el monte y viajará a tierras lejanas para
hacer la ruta de las cuevas. Para ello aprovecharán una nueva reunión de verano
de todas las cavernas; donde conocerá a otros acólitos que se están preparando
igualmente en sus respectivas cavernas. Visitará cuevas de la mano de la Zelandonii encontrando nuevos
conocimientos y misterios.
La
llegada a la Novena Caverna de los
Zelandonii está llena de expectación. A pesar de ser bienvenidos; algunos
toman con reticencias y miedo su llegada, al ver a los animales que traen
consigo. Todos quieren conocer sus historias de cómo han llegado hasta allí. Ayla tendrá que acostumbrarse a su forma
de vida y a sus costumbres y sortear la antipatía de algunos de los Zelandonii ya que debido a su acento y a
su historia con el clan la hacen extraña y no les resulta fácil aceptarla.
La
madre de Jondalar y su compañero al
igual que el resto de su familia la aceptan enseguida, aunque la idea de
tener a Lobo siempre rondando por allí no era muy apetecible.
Por otro lado la “Zelandonii
Primera” se da cuenta de las habilidades esotéricas y medicinales de Ayla, la cual la querrá introducir en
ese mundo. Aunque Ayla ayuda y aprende de ella en un principio decide unirse a Jondalar y casarse con él en la próxima
reunión de verano junto con otras parejas.
Nacerá la hija de ambos a la que
llamarán Jonayla, con rasgos muy significativos de su padre, confirmando así la teoría que Ayla tenía sobre la creación de los
bebés.
Ya
asentados en su nuevo hogar y con Jonayla
más crecida, Ayla decide instruirse
como Zelandonii. "La Primera" ya se hace
mayor y necesita traspasar su papel a Ayla,
a la cual ve totalmente preparada para ello a pesar de tener familia.
Seguramente en otras cavernas no lo verían bien pero ella es la “Primera” y no cree que le pongan muchos
impedimentos, siempre se ha respetado su criterio.
La
preparación será larga y dura y podrá dedicar menos tiempo a Jondalar y a su hija. Tendrá que estar
durante una temporada larga aislada en el monte y viajará a tierras lejanas para
hacer la ruta de las cuevas. Para ello aprovecharán una nueva reunión de verano
de todas las cavernas; donde conocerá a otros acólitos que se están preparando
igualmente en sus respectivas cavernas. Visitará cuevas de la mano de la Zelandonii encontrando nuevos
conocimientos y misterios.
Jondalar a pesar del esfuerzo que le supone
a Ayla todo ello, lo asume y se
encarga de Jonayla pero cada vez se
siente más solo, la relación entre ambos empieza a enfriarse demasiado y acaba cediendo
a sus instintos de lo cual más tarde se arrepentirá. Pero al final el amor que
siempre ha sentido el uno por el otro, volverá a resurgir.
Opinión
Desde que abrí la primera página del primer libro para disponerme a leer sentí que se iba a abrir ante mi un mundo maravilloso. Una forma de acercarnos a la prehistoria muy diferente de como estamos acostumbrados. Seguramente en algunos rasgos peca un poco de novelesco pero no le quita nada de mérito a la escritora.
En mi opinión no todos los libros de la saga están al mismo nivel. Los tres primeros me parecen estupendos, el cuarto me parece bueno pero cierto que es demasiado espeso y ocurren pocas cosas para lo extenso que es, el quinto es mucho más ameno que el cuarto pero sinceramente me pareció un poco simplón, todo demasiado bonito, y el sexto me pareció un aburrimiento total, solo el final del libro hace que te deje una mejor opinión. A pesar de ello me parece que en general es una buena obra y como comenté al principio ocupa uno de los primeros puestos en mis favoritos.




Hola Nieves! La verdad es que no he leído nada de este autor, aunque lo he visto mil veces... y después de leer tu reseña, me animo más a hacerlo, acercarnos a la prehistoria de una forma diferente es un buen reclamo. Gracias por compartirlo. Un besillo
ResponderEliminarHola Marilú! me alegra que te haya gustado. Te aviso que aunque la historia me encantó es cierto que tienen ciertos momentos en que son un poco espesos y repetitivos pero por lo menos en mi opinión vale la pena seguir con ellos.
EliminarEspero que te gusten. Ánimo.
Los ponéis de maravilla y yo no me he leído aún el primero...
ResponderEliminarBesines,
Me leí el primero y tengo el segundo listo para empezarlo cuando quiera, lo que me falta es tiempo para poder leer todo lo que me apetece! Seguiré con la saga porque el comienzo fue muy bueno, me encantó, así que espero en breve poder seguir con la historia.
ResponderEliminarBesos
Te recomiendo que la leas si te ha gustado el primero, a mí me encataron.
EliminarBss.
Hola Nieves!! La saga de hijos de la tierra es mi favorita, sobre todo el primer libro que para mi es el mejor.
ResponderEliminarMe quedo por aqui para no perder detalle de tus lecturas.
Un saludo
Laura