sábado, 13 de octubre de 2012

ISABEL, LA REINA (segunda parte)

…Continuamos con la segunda parte de “Isabel, la reina” subtitulada “El tiempo de la siembra”.

Tiempo después de su boda, Fernando e Isabel, verán nacer a su primera hija, a la que llamarán Isabel, como su madre. La niña se cría sana y feliz, pero, a la edad de tres años la princesa la tuvo que entregar durante un tiempo a su dama Beatriz de Bobadilla al recibir la noticia de que su hermanastro, el rey Enrique, había muerto.

Isabel, oficiando un funeral por él, se proclama por fin reina de Castilla. A pesar, de que sus seguidores apoyaban su candidatura y deseaban su coronación, intentan por todos los medios que el que gobierne y tome las decisiones de su reinado sea su marido Fernando. Pero, ella no está dispuesta a ello y en un mutuo acuerdo con su esposo deciden compartir las competencias; de ahí su lema “Tanto monta, monta tanto” que la reina haría bordar en todos los estandartes y banderas.

Siendo ya reina de Castilla, y tras un aborto, Isabel busca con ansia un heredero, es decir, un niño varón. Viendo que no se volvía a quedar embarazada decide acudir a los galenos e intentarlo por cualquier medio. Pero, cuando al cabo del tiempo, ningún remedio llega a buen fin, decide centrarse en otros menesteres.

Un tiempo después, por fin, se queda embarazada de nuevo y esta vez sí será un varón. Todos contentos por este nacimiento, será Isabel la que predestina que su hijo, siendo tan pequeñito, se críe como su hermano Alfonso, enfermizo y débil.

Como testigos directos de todo ello, figuran las marquesas Téllez de Fonseca, a las cuales, Doña Gracia su abuela, no conseguía que sus nietas se olvidaran de la búsqueda, que tenían emprendida, para encontrar un supuesto tesoro que un rey moro le entregó a uno de sus antepasados y se centraran en sus posibles bodas. Cuando por fin consigue, que primero Juana, y tiempo después Leonor se fijen ambas en los hermanos Torralba, Doña Gracia, prepara las bodas junto con la madre de los novios, a pesar de la oposición que se le creaba el hecho de que fueran una familia de judíos conversos.

Pero, dichos matrimonios se irán al traste al no ser consumados. La misma noche de bodas no aparecen en la casa, y, tal cual, parten hacia la guerra. Este primer alejamiento se produce debido a los rumores de que la manquedad de las marquesas era obra del diablo.

Cuando por fin, dos meses después, los hermanos llegan de la guerra, Leonor se encontrará con que su marido consumará su matrimonio de forma muy violenta dejándola embarazada. Pero el marido de Juana no conseguirá consumarlo por la impotencia que presenta. Tal cual esto ocurre la primera noche de la llegada de ambos, sin decir nada, al día siguiente parten de nuevo, dejando a sus mujeres, como se suele decir:”compuestas y sin novio”.

Tras este suceso y estando ambas hermanas humilladas y hartas del trato de su nueva familia abandonan la casa y vuelven a vivir con su abuela.


Mientras todo esto ocurre, María de Abando entre arreglos de himen, pócimas balsámicas y algún que otro hechizo; acaba siendo contratada por la suegra de las gemelas para que consiga arreglar los matrimonios. Se empleará a fondo al ser muy bien pagada por ello, pero encontrará más resistencia de lo esperado; ya que Doña Gracia, la abuela de las marquesas, tomará las riendas e intentará anular ambos matrimonios, ante notario, con la excusa de no haber sido consumados.

Pero con el matrimonio de Juana parece que los remedios de María, atendiendo el encargo de la familia Torralba, empiezan a dar resultados ya que a la hora de firmar su anulación, Juana se niega. Llevándose a cabo solo la de Leonor.

Cuando tiempo después se confirma el embarazo de ésta, no tienen más remedio que llevarlo a escondidas y deshacerse del niño. Atendida en el parto por María de Abando, ésta se quedará con el niño, según concierta con Doña Gracia.

Tiempo después, se presenta en la mansión el marido de Juana. Durante tres meses se quedan encerrados en su habitación, pero ni por esas, consiguen consumarlo. Lejos de anular el matrimonio ambos deciden ingresar; una en un convento y el otro en un monasterio y ofrecer su vida a Dios.

Mientras tanto, Leonor da a luz a su hijo y aunque María, al principio no fue partidaria de hacerse cargo de él, accede a ello. Y sin ninguna experiencia ni sabiduría, en el tema de ser madre, lo cuida como si fuera su propio hijo.

…y al final…

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